El IES Alameda «adopta» un músico
27 Mayo, 2010TERESA CASTAÑO
El pasado 28 de abril, un grupo de alumnos del IES “Alameda de Osuna” tocó en el Auditorio Nacional. Este concierto fue la culminación del proyecto “Adoptar un músico”, en el que participó la clase de segundo B de ESO, junto con una alumna de segundo A y cinco alumnos de tercero C. Aquella calurosa tarde, todo eran nervios y emoción, pero al trabajo había comenzado mucho antes…
Lo primero fue apuntarse, y que nuestro centro resultara elegido entre los muchos que solicitan participar en esta actividad, organizada por el CRIF “Las Acacias” (Consejería de Educación de la CAM), en colaboración con la Orquesta Nacional de España. Lo segundo, conocer al músico, claro. A finales de febrero, el trompetista de la ONE Manuel Blanco visitaba por primera vez nuestro instituto. Con él debíamos colaborar en la creación de dos montajes sonoros originales en torno a las “Danzas de estancia”, de Alberto Ginastera, y el “Tangazo”, de Piazzola. Dos sugerentes composiciones basadas en el folclore argentino que la ONE interpretaba esta temporada y que habíamos escuchado en clase previamente.
Llegó, pues, uno de los grandes momentos de este proyecto. Manuel no nos defraudó. Cargado con varias trompetas y sordinas, explicó el funcionamiento de su instrumento, mostró
diferentes formas de tocarlo, y respondió a cuantas preguntas y curiosidades le formularon los alumnos. Después, comenzamos a componer. Al principio, titubeantes, nos basamos en la improvisación y probamos distintas ideas que íbamos adoptando o descartando por el método del ensayo-error. En la toma de decisiones la opinión de los alumnos resultaba, siempre, decisiva.
Pasaron a continuación semanas de intenso trabajo, en las que fuimos dando forma a las ideas surgidas en aquella primera sesión. Poco a poco, se perfilaba nuestra versión de la danza “Los peones de hacienda”, a la que incorporamos una guitarra eléctrica e incluso una base de hip- hop que comenzaba sonando en un teléfono móvil… En cuanto al tango, elegimos entre todos la famosa Cumparsita, que reelaboramos sugiriendo paisajes acuáticos salidos de un tambor de mar y unas ocarinas. Así, llegaron la segunda y tercera visitas del trompetista, en las que nuestro trabajo se enriqueció, una vez más, con sus aportaciones.
Se acercaba el gran día. Dos semanas antes del concierto tuvimos la oportunidad de escuchar en al Auditorio a la ONE, en el ensayo general de las obras que nosotros reinterpretaríamos dentro ya de poco tiempo… El lunes 26 acudíamos de nuevo a la gran sala de conciertos, esta vez para ensayar nosotros, con los otros tres centros participantes. Aquel día llevamos también los instrumentos, los subimos a la sala de Cámara, donde tocaríamos sólo dos días después, los colocamos en el escenario…, y escuchamos por primera vez las composiciones de nuestros compañeros músicos.
Y, por fin, el concierto. El miércoles 28 de abril salimos del instituto, camino del auditorio una vez más. Esta era la definitiva, y en el autobús, entre nerviosos y expectantes, pensábamos que se acercaba nuestro gran momento. Fuimos pronto, ya que era necesario un último ensayo en el que todo quedara listo para el concierto. Cuando terminó la prueba, pudimos relajarnos un rato en la plaza que hay delante de la sala de conciertos. Allí, el ambiente era alegre y festivo: padres, amigos y profesores del instituto iban llegando: ¿qué les esperaría dentro? A las siete y media en punto, la presentadora daba comienzo al acto. El “Alameda” tocaba en tercer lugar su versión de la danza de Ginastera, y al final, la original Cumparsita. Xilófonos, metalófonos, carillones, darbukas, panderetas, flautas, clarinete, contrabajo, guitarra eléctrica… Todos los instrumentos estaban preparados, y los alumnos, concentrados para una interpretación que resultó emocionante. Y emocionante fue también ver las caras sonrientes de los alumnos, y escuchar los aplausos del público, y las felicitaciones y abrazos que todos recibimos al terminar…
En el día después, el balance es enormemente positivo. Como profesora, he vivido una intensa experiencia que me ha permitido acercarme mucho más a mis alumnos. Hemos hablado mucho sobre esta actividad, y todos ellos destacan la emoción de sentirse «músicos profesionales en una sala tan importante» y el valor del trabajo en grupo. Ya estamos pensando en volver a adoptar un músico el curso que viene…
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