Palabras, miradas y camino
27 Junio, 2009PEPE KIOSKO
De días lejanos y tiempos olvidados, vienen a mi memoria recuerdos tiernos de esperanza.
La buena nueva que me dio el sueño del jardín de palabras y del camino era alegría increíble, dijo: tu camino es de tiempo, pero finito, acaba y en su trayectoria está tu gran libro metafórico que será leído cuando tu carretera se termine.
En ese libro debe leerse que esa trayectoria fue de amor y generosidad. ¡Ese es el principio del primer paso, y por supuesto el final! ese camino te llevará al gran huerto de tu verdad… y no importan surcos derechos o torcidos en la huella de los arados sólo interesa que los sudores tiernos y limpios hagan realidad que nuestro árbol, debido al gran amor crezca y sus frutos sean esencia de paz y de alegrías.
Queridos todos: despertemos a la gran razón y al misterio simple y sencillo… ¡nos tenemos que ayudar los unos a los otros porque al final es tener la gran mirada fija y tierna al recoger nuestras siembras…!, ¡nada podemos cambiar! mirémonos todos y ya con la esperanza de iguales sin límites y claro está, nadie es más grande que tú. Nadie es distinguido con más amor que tú. Nadie tiene andado este camino con el honor de transitar solo en la alegría y el sosiego ¡hay que pasarlo todos igual! por tanto: ¿cuándo bajamos de esas atalayas de privilegio y nos dedicaremos a entregar lo que en realidad es de otros? Usemos a partir de ahora la mirada con ternura.
Hagámoslo con esperanza sincera, descubriremos que todos podemos ser Dios ayudando a los que viven en dolor. Si hacemos esto; descubriremos que Dios no se hace visible, por que nosotros somos los elegidos para tocar y cantar las grandes melodías de la paz. Recordando el título de este escrito palabras, miradas y camino, es sencillo llegar al horizonte que quiero dibujar.
Las palabras deben ser verdaderas, concretas y limpias y nos darán alegría, a imaginar que el huerto tan hablado y recordado de los olivos donde Jesús anduvo es el espejo que debemos asir con desesperación y mirarlo con la ternura de copiar en nuestra mirada los sentimientos que el gran Jesús nos dejó de herencia, caridad, esperanza, sosiego, tranquilidad, generosidad y el recuerdo grandioso.
Tu final es de paz y no hay nadie más grande que tú ni más pequeño. El camino, es el lujo que tenemos todos de poder intervenir para que si descubrimos dolor el trayecto de ese amigo o familiar, podamos intervenir con pasos acelerados de limpiar los obstáculos que puedan dañarle, y entonces es cuando en estos estados de comportamiento vivimos en realidad la iglesia que Jesús creó y la hacemos resucitar, para que de esta forma la luz exista en nosotros, y haciendo ésto jamás sufriremos oscuridad.
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