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La sonrisa de Eluana o la muerte de Dios

8 Febrero, 2009

David Carrascosa (Barajas)
Querida Eluana, sé que jamás podrás leer estas palabras que te dedico, que espero, no obstante, lleguen a aquellos que, si bien no son los causantes directos del sufrimiento de tu familia, sí son conformes con el mismo con tal de que tu existencia siga justificando su modus vivendi.

Se preguntó Voltaire, tras el terremoto de Lisboa de 1755, cómo era posible la existencia de un Dios que permitía tales sufrimientos a la humanidad. La respuesta de la escatología cristiana siempre justificaba los mismos como un mal necesario que, contextualizado en al historia de aquélla, suponía un paso más para el advenimiento del Reino de Dios. No sé hasta qué punto la sociedad actual sigue manteniendo tal «ingenuidad filosófica», pero tu caso me ha hecho pensar en la posibilidad de que la misma sea una necesidad acuciante para la existencia de Dios.

Quizá la pregunta que tengamos que hacernos sea no sea la misma de Voltaire, sino la de inquirir por el sentido de mantener el sufrimiento: ¿Para qué el sufrimiento?, ¿a quién beneficia el sufrimiento? Querida Eluana, me apena haber sabido de ti para llegar a hacerme estas preguntas cuyo planteamiento, sin embargo, sirvan para despojarnos de nuestras miserias.

El concepto fundamental sobre el que gravita la idea de Dios es el de esperanza, la de que en un más allá todas las penurias mundanas queden redimidas. Quien sufre de forma inhumana siempre puede acogerse a la esperanza de su redención en el más allá, pensar que tal dolor fue necesario para alcanzar la gloria. No entro a valorar, por supuesto, la actitud de quien así plantee el sentido de su vida, sino la del que permite que tal sufrimiento siga existiendo para que se pueda establecer tal sentido, para poder seguir predicando la existencia de Dios.

Lo triste, querida Eluana, es que Dios sólo acaba siendo un medio y no, como dicen, un fin en sí mismo. Un medio para que quienes, permitiendo y alentando el sufrimiento, sigan manteniendo su estatus social: los miserables redentores de la Iglesia. Esos que no quisieran ver esbozada sobre tu rostro la bonita sonrisa que lucías cuando el dolor y el sufrimiento aún no habían llegado a tu vida y a la de tus familiares. Sí, porque tu bonita sonrisa no otra cosa significa la muerte de Dios.

Querida Eluana, muere en paz, deja de sufrir. Dejo esta célebre cita a tus perversos torturadores, miserables redentores.

«El concepto cristiano de Dios –Dios como Dios de los enfermos, Dios como araña, Dios como espíritu» es uno de los conceptos de Dios más corruptos a que se ha llegado en al tierra. tal vez represente incluso el nivel más bajo en la evolución decadente del tipo de los dioses. ¡Dios, degenerado a ser la contradicción de la vida, en lugar de ser su transfiguración y su eterno sí! ¡En Dios, declarada la hostilidad a la vida, a la naturaleza, a la voluntad de vida! ¡Dios, fórmula de toda calumnia del más acá, de toda mentira del más allá! ¡En Dios, divinizada la nada, santificada la voluntad de nada».
Friedrich Nietzsche. “El Anticristo”

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2 Respuestas »

  1. Apreciado David:
    Con respecto a Dios, en el desarrollo del pensamiento humano existe la reflexión, la investigación y la verdad revelada.
    Opino que las dos primeras herramientas son eficaces y respetables. La verdad revelada se ha manifestado altamente peligrosa en todas las épocas. En nombre de Dios se han realizado muchas barbaridades. Siempre hay gente que habla y opina en su nombre.
    Es verdad que todos nos planteamos muchas preguntas sin respuestas acerca de nuestro origen y destino, pero nadie tiene derecho a imponer a los demás lo que supuestamente Dios ha dicho o desea.
    En mi modesta experiencia, los que creen en Dios y se esfuerzan en ser dignos de él, suelen personas buenas, generosas, felices y muy respetables. Quienes fastidian el invento son los «portavoces», que normalmente resultan patéticos y despreciables.
    En resumen, que estoy contigo en tu apoyo a la querida Eluana y sobre todo a sus padres, que habrán sufrido lo indecible.

  2. ¡Ah! olvidaba decir que yo no soy el Voltaire al que tú citas. soy gran admirador del verdadero Voltaire (Francois Marie Arouet) y por ese motivo utilizo este seudónimo. Tú lo sabes, pero tal vez alguno de los lectores se sientan confundidos sin esta explicación.

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