Dios y su enfado
12 Septiembre, 2008
PEPE KIOSKO
¿Por qué digo ésto?
Creo sinceramente que es hora de ver a Dios en su auténtica realidad. Cada día que pasa estoy más seguro, de que mi punto de vista es correcto. Lo seres humanos no queremos ser Dios y parte, con excepciones mínimas.
Adoramos a alguien que es padre de todo y de todos, y desde luego sólo es para pedirle cosas, nunca para copiarle y entregar lo mejor de nosotros, a todos los que sufren y padecen dolor por falta de cosas que muchos de nosotros tenemos de sobra, pero nuestra falta de generosidad y egoísmo no nos deja dar ayuda con el deseo de
hacer feliz a otro.
Dios somos todos. Si somos los hijos de ese Dios que también puede ser la naturaleza, donde nos movemos. En realidad aposento general de todos y no debía de existir esa desigualdad conseguida por los hombres.
La legión de seres humanos que existimos en este mundo, pertenece a una religión, sea la que sea, y en realidad todas buscan la armonía y cómo no la igualdad.
Ninguna, según yo, se ha puesto las pilas, en el sentido que desde la cúpula de dirección nos proponga con ejemplo compartir lo que por especiales, hemos conseguido y compartirlo, para de esta forma aquel que tiene menos sea más feliz. Además por derecho natural.
Creámosnos y pronto que somos hijos de Dios en igualdad.
Copiemos de inmediato al gran Maestro, de aquel tiempo, Jesús. Seguir rezando lo que queráis Dios no necesita nada. Estoy firme y seguro de ello. Estamos en este tiempo para demostrarnos y demostrar que nuestra ternura es real.
Somos esencias de amor. Somos médicos especiales de poder curar regalando alegrías a todos los que sufren por motivos diferente.
El mundo está lleno de dolor. Cojamos los auténticos pilares de ls tierra que poseemos en igualdad. Rompamos miedo con el dinero.
Ayudemos a los que menos tienen a salir adelante, confiemos a las grandes maestras del amor, las abuelitas del mundo, y veremos a Jesús en ellas… ¡Es hora de dar!
Estamos en crisis económica y también de amor. Juntemos esfuerzos y salgamos a la calle, y donde veamos dolor, demos la gran medicina misericordia y alegría, demostremos que todos podemos ser Jesús, hoy.
¡Somos él!
Dar y seréis mucho más felices.
Andemos desde hoy con los ojos abiertos, y sí descubrirnos sufrimientos.¡Preguntemos y demostremos que nuestro interés será ayudar! Vivamos en familia. Hagamos como en tiempo lejano, hizo Jesús, que los ciegos vieran, los cojos anduvieran, y los que nos eran felices lo fuesen.
El milagro real fue. Dar, dar, dar, ayudar, ayudar, ayudar.
Un saludo a todos.
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