¿Por qué dejó de sonar?
19 Agosto, 2008CARMEN SANTO TOMÁS
Vivo en la Alameda Osuna desde el año 1982. Me gusta mi barrio, encontrarme con mis vecinos por la calle y charlar un rato; me gusta el olor de las acacias en primavera y el de hierba cortada y húmeda por las noches.
Nuestro barrio ha mejorado en muchos aspectos, aunque también ha perdido un poco de tranquilidad. Somos más y hay más tráfico. Aún así, me sigue gustando vivir aquí.
El día 14 de Julio del pasado año se consagró el nuevo templo parroquial “Padre Nuestro”, siendo párroco del mismo, Tomás Priego Martínez, sacerdote de probada rectitud y trabajador incansable. Un regalo para la comunidad cristiana del barrio. La iglesia es sencilla, pero con mayor amplitud que la anterior, siendo así posible llevar a cabo un mejor servicio a la comunidad y al barrio. También tiene campana. Su sonido a mí me produce alegría y paz. Llama a los feligreses a orar unidos y a celebrar la Eucaristía. Los días laborables toca una vez, por la tarde. Los días festivos tras veces, por la mañana (en verano, dos) y una por la tarde.
Hace unos días la campana dejó de sonar. Parece ser que alguien, en un acto de vandalismo inexplicable, la silenció. Ha saltado la verja, subido a la torre y estropeado el mecanismo. Y todo ello con nocturnidad y alevosía. Algo que retrata al autor o autores de la «hazaña». Así, no hubo más «grave trastorno sonoro».
Quedó el de las motos, cuando pasan por nuestras calles a “toda pastilla” una y otra vez, y algunos otros más. Ruidos que sí producen estrés e incipientes sorderas. En cuanto a que en estos tiempos las campanas carecen de sentido, no hay más que darse una vuelta por nuestros pueblos, ciudades, por toda Europa y otros países. En los de cultura islámica y desde lo alto de los alminares de sus mezquitas, el muecin (empleado público) llama a la oración a los fieles, a través de potentes altavoces. Cinco veces al día, desde el amanecer a la puesta de sol. Y todo formando un conjunto de extraordinaria belleza.
Las campanas están presentes en obras musicales, en sus temas y en su instrumentación (“Obertura 1812” de Tchai-kovsky; “Una noche en el Monte Pelado” de Mussorgsky, por ejemplo). Asimismo, la literatura cuenta con ellas en muchas de sus obras, en leyendas, dichos populares, refranes…, el viajar, conocer, aprender y asimilar, puede curarnos de pequeñas fobias, a no ser que éstas sean de otra índole.
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