La campana
16 Agosto, 2008PABLO DELGADO ESCOLAR
Durante unas semanas, nuestra campana ha estado en silencio; un energúmeno intolerante quiso callar la llamada al culto, a la oración, a la asamblea del pueblo creyente, y no dudó en delinquir para conseguir su objetivo.
No caeré en la tentación de relacionar esta fechoría, con el acoso constante del Gobierno y sus muchos medios de comunicación, a los católicos; es, sin duda, un hecho puntual, de una sola persona, que no entiende el sentido y la trascendencia del toque de la campana. Se trata de un ser incapaz de convivir con los demás y que, si residiera en uno de tantos lugares dónde el sonido de la campana se escucha incluso en horas nocturnas, acabaría enfrentado violentamente a todos los convecinos.
La campana es un instrumento que se viene usando por los cristianos desde el siglo VI; la usaron persas, griegos y romanos. Forman parte de la vida cotidiana de la mayoría de los pueblos, pues «hablan» a través de sus tañidos. Se utilizaron no solamente con fines religiosos, sino sociales, para avisar a la gente de los acontecimientos cotidianos más diversos. En ocasiones extraordinarias, son cientos de campanas las que «voltean» para celebrar ese evento.
En nuestro barrio hemos tenido la suerte de conseguir, después de muchos años, poder escuchar la majestuosidad de su sonido; muy brevemente y en pocas ocasiones, pero menos es lo que teníamos antes. Los que quieran callar la voz de la Iglesia, que renuncien a su propósito, pues durante veinte siglos lo han intentado muchos, sin conseguirlo.
Puedes opinar sobre ésto en los foros del distrito-21










He estado de vacaciones y no sabía eso de que la campana había estado en silencio algún tiempo por la intervención de alguien. Siento que haya coincidido casi, totalmente, con mi ausencia, pues me encandila la posibilidad de residir en mi casa sin tener que sufrir los excesos de ese párroco, que según parece es camarada de quienes hablan desde cierta emisora de radio.
Yo diría que ateniéndose a la definición que de la palabra “energúmeno” da el diccionario, lo es el que grita –o produce ruido escandaloso– como el autor de las campanadas y también la palabreja es aplicable a “quienes se expresan con violencia y extremismo”, caso del autor del comentario. Porque solo un extremista puede expresarse de esa manera y acusar al Gobierno de acoso a los católicos. Conozco a muchos católicos que no se sienten acosados y sí hartos de cierto sector de la iglesia empeñados en la vuelta a la Edad Media y la Inquisición.
¿Sería mucho pedir que entendieran que en la sociedad actual nadie tiene por qué soportar los excesos –ilegales por lo demás– de algunos?, ¿que la campana se inventó cuando no existía otro medio de convocatoria o aviso?, ¿que son muchas las iglesias de Madrid y otras poblaciones que han renunciado a causar molestias innecesarias al vecindario?, ¿que esta campana no tiene majestuosidad, sino un temporizador electrónico?
Quiero recordar que “esa llamada al pueblo creyente” sólo tiene éxito en un escaso número de ciudadanos, de manera que dividiendo el número de campanadas por el de los que acuden a la convocatoria, correspondería varias campanadas a cada uno. Me parece excesivo.
En cualquier caso y sin conocer las circunstancias, mi agradecimiento y apoyo al autor de la iniciativa al que gratuitamente se califica de energúmeno. Cuando quienes ocupan los cargos de gobierno, como el concejal del distrito, renuncian a la aplicación de la ley por razones más que evidentes, quizás sea lícito acudir a otros medios.
Sr. Osorio:
Interesante y generosa tu carta.
No puedo menos que responder a la incitación que hace a ello el director de Distrito 21, incapaz de publicar en su periódico las opiniones de los vecinos, sobre todo si son ideas contrarias a las suyas y al pensamiento único, para ponerlas en un lugar que no les hemos pedido, es decir, en un foro.
Como todo el radicalismo socialista, acomodas el lenguaje a tu conveniencia, incluso haciendo igual que ellos, mentir en las definiciones. Por favor, vuelve a mirar el diccionario y busca el significado de “energúmeno”. En cualquier caso, espero no discrepes del significado de “delincuente”. Lo demás, naturalmente estás en las mismas ideas que tu adorado gobierno, es decir, machacar en la filfa de que no acosan ni persiguen a los católicos, para que los simpatizantes se lo lleguen a creer.
Como no procede la discusión de algo en lo que jamás llegariamos a un acuerdo, no es la LUZ precisamente la que ilumina tus pasos, sigue creyendo en las mentiras de tu gobierno, sigue colaborando con él en la eliminación de aquellos que os estorban y, no te preocupes, si tenemos que volver a las catacumbas, lo haremos.
De todas formas, tu discurso es tan radical y extremista que, pensando de forma banévola, espero que ni tú mismo te lo creas. Saludos.
Aclaración
Señor Delgado Escolar (Pablo), quiero responder a su enésimo ataque injustificado que hace contra mi perona y contra DISTRITO 21.
En primer lugar, quiero decirle que ni yo ni DISTRITO 21 incitamos absolutamente a nada y ello no se desprende en ninguno de nuestros artículos. Quizá, sea usted con los suyos el que, de manera constante, sea respondido por gran cantidad de vecinos dado el carácter apocalíptico de los mismos.
Su comentario, fue recibido por correo electrónico el día 16 de agosto de 2008 a las 10,14 horas por lo cual, si en agosto no hay publicación, es muy difícil, por no decir imposible insertar su escrito, no me venga conque no recogemos opiniones contrarias a las nuestras porque eso es absolutamente falso, como muestra podría usted releerse los muchos artículos suyos publicados en DISTRITO 21. También debe recordar que en esta publicación han escrito su esposa e hija en innumerables ocasiones como colaboradoras sin que, en ningún momento, se les haya censurado lo más mínimo; si usted asegura lo contrario: miente.
Además, “gente del distrito”, en esta página web, no es un foro sino una sección en la que vecinos vierten opiniones como en la sección “cartas al director” de la edición impresa. En su correo nos hacía mención que fuese publicado en ésta última y creímos que hasta que se pudiera publicar en septiembre sería un buen sitio para difundirla, si quisiésemos que su opinión se obviase no la hubiéramos incluido en nuestra página que, no sé si usted sabrá tiene, exceptuando este mes de agosto que ha bajado considerablemente, unas 500 visitas diarias.
Por otro lado, no es usted quien para juzgar mis ideas, ni las de nadie, que, por supuesto, no son tan sectarias e irrefutables como las suyas. Prueba de ello es que es el colaborador o como usted quiera llamarlo que más respuestas recibe. Ni siquiera gente de su círculo, lo sé de buena tinta, están muy contentos con las expresiones y descalificaciones que vierte al prójimo al que usted dice amar como a usted mismo. O por lo menos eso es lo que debía hacer ya que como vemos ¿sigue? ¿al pie de la letra? la doctrina cristiana.
Estoy de acuerdo, por supuesto, con el señor Ossorio en que se puede ser muy buen cristiano pero a la vez molestarte el ruido innecesario de una campana que despierta a niños, ancianos, enfermos, trabajadores nocturnos… Conozco muy buenos cristianos a los que les molesta el ruido de una moto sin escape y no por ello los tacho de ateos, rojos, faltos de luz… y esas lindezas que usted atribuye al que le molesta el ruido ilegal de una campana.
Campana que, hoy en día, es absolutamente innecesaria. Se usaba, como usted muy bien dice, con fines religiosos, sociales…, pero eso era en una sociedad y una época donde no había relojes, teléfonos, televisiones, radios, ordenadores… Señor Delgado estamos en el siglo XXI, no sé si lo sabe, y lo de la campana, aunque a usted por sus ideas arcaicas le parezca muy bonito y elevado, lo único que hace es perjudicar a una gran cantidad de vecinos de la Alameda de Osuna.
Nada más, que esa LUZ de la que habla –será de velas a juzgar por sus comentarios– le ilumine un poco más para dejar de atacar a los que piensan diferente a usted. El único –valga la redundancia–, que tiene un pensamiento único.
Eso sí, puede seguir mandándonos todos los comentarios que estime oportunos, sabe positivamente como lo saben la inmensa mayoría de los lectores que serán incluidos.
Un saludo.
Sr. Sáenz-Hermúa:
Leo su misiva y no me resisto a la tentación de responderla, pero lo haré con la mayor brevedad posible.
Ante todo pedirle disculpas si ha tomado como ataque contra usted la respuesta al Sr. Osorio; creo que estamos en otro caso de manipulación del lenguaje, por haber entendido como ataque mi expresión de “incitar a responder”. Creo que incitar significa “estimular a algo” y poco hay de ataque al decir que respondo gracias a ese estímulo. Tal vez me he adelantado al pensar que no lo va a publicar en su periódico, pero al verlo en este foro he pensado en ello, ya que ha habido ocasiones en que así lo ha hecho. Nuevamente disculpas.
Lo que no hay dudas es de que este lugar es un “foro” y en él se facilitan los medios para la respuesta al que escribe. ¿No es eso un foro?
En cuanto a las ideas que tiene, aunque son bien conocidas, creo no haberme pronunciado, ni calificado, ni juzgado en absoluto. Usted si lo ha hecho con inaceptables juicios de valores.
Todo lo demás que vierte en su escrito, afirmaciones gratuítas, no merece el menor comentario. Podría discutirlo todo, punto por punto, pero me limito a considerar solamente el origen de su indignación.
Saludos. Pablo
Desde luego, Pablo tiene razón. Cuando el señor nos ilumina y nos toca con su mano, toda la sabiduría y la razón nos amaparan. ¿Quienes son esos infieles y herejes para interponerse en el camino de la verdad?¿Acaso no es un sacrilegio desviarse de ese luminoso sendero que el SEÑOR tan bondadosamente nos ha enseñado?
Pablo, cuanta verdad hay en tus palabras. Rezo todos los días por la salvación del alma de esos mortales cuyos oidos son incapaces de escuchar el VERBO DIVINO cuando tañen las benditas campanas.
Y lo este Gobierno. Válgame Dios…si Franco levantara la cabeza.
Muy bien, Pablo. Viene a mi recuerdo el Gran Pablo de Tarso. Sigue asi, PABLO DE LA ALAMEDA
Verdaderamente es un comentario “delicioso“, por un lado provoca hilaridad… por otro estupor.
Algunos religiosos no cejan en su dura tarea de querer “salvar” a diestro y siniestro (que no de convencer), aunque otros incorregibles tozudos no quieran ser “salvados”. En fin, ya que por esa actitud serán castigados para la eternidad en la otra vida, yo creo que en ésta se tienen merecido “sufrirla” en silencio.
Lo cierto es que, dada la estructura del barrio, las campanadas de esta iglesia (horrible por cierto) no cumplen la misión que cumplían otras en el pasado. Es evidente que no dan la cobertura que se pretende y, por el contrario, si invaden acústicamente las viviendas más próximas. En mi opinión, en la sociedad actual, “la “llamada al culto, a la oración, a la asamblea del pueblo creyente” por medio de campanas, me temo que cuando menos resulta anacrónica: sin duda, afortunadamente creyentes y no creyentes tienen en su casa “mogollón de relojes”.
¿Entrará dentro de la delincuencia saltarse con alevosía la normativa en vigor y agredir con decibelios gratuitamente?
Sr. Serrano: cumpla sus promesas y sáquenos de esta duda.