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¡Si nos abrumara la violencia!

18 Mayo, 2008

MARÍA JESÚS GONZÁLEZ
Si de verdad a cada uno de nosotros/as nos abrumara la violencia que nos rodea, estaríamos en el comienzo de su control. Pero pasamos de largo, tal vez incómodos, ante los signos constantes de este mal progresivo y diversificado que corroe a la sociedad. Un mal antiguo que no mejora con el avance de las civilizaciones, aunque así lo parezca. Solo se camufla canalizándose de diferentes maneras, aflorando de continuo en diversos medios con más o menos intensidad pero causando víctimas, dolor e infelicidad.

Abrir un periódico, escuchar una emisora de radio o ver un telediario, es saber de antemano que vamos que vamos a toparnos con noticias de la insensatez y crueldad humanas, que se producen tanto en culturas estancadas como en el entorno más floreciente y avanzado de la tierra. Pero leemos, escuchamos, vemos y… pasamos página. Y si el tema surge en conversaciones o comentarios siempre concluimos que nada podemos hacer para evitar estas lacras. Como mucho y según en que circunstancias culpamos o pedimos soluciones al gobierno de turno. Esto que es no solo lícito sino legítimo, es también una forma de eludir lo que nos atañe del problema cuando no analizamos si, como individuos y como colectivos, por acción u omisión, somos responsables del tipo de sociedad que estamos construyendo. Si no pensamos por qué no nos sentimos abrumados por los hechos violentos que acontecen, que resbalan por nuestras conciencias como el agua de tormenta por las laderas montañosas: sin penetrarnos. Todos los días hay victimas de violencia: familiar, de género y delictiva en general. Violencia verbal en los programas televisivos y lo que es más grave en foros políticos. Cada día hay accidentes causados por el desprecio a la vida, se produce acoso escolar más o menos solapado y tolerado, se descubre maltrato en guarderías –si lo hay no son escuelas infantiles– o en residencias de mayores. Ya no quiero casi mencionar las crueldades de atentados terroristas o conflictos bélicos en cualquier lugar de la tierra: esos nos remueven a la mayoría un poco más, por unos instantes… nos atemorizan; pero lo que es su base, la violencia que se ejerce cada día en nuestro entorno pretendidamente pacífico es abrumadora. Y si dejáramos que nos penetrase su realidad, que nos alertaran sus señales, encontraríamos, incluso a nivel individual, respuestas positivas para combatir esa lacra que nos deshumaniza y desgarra. Pero por poner un ejemplo sangrante, según las encuestas del CIS, solo un 2 por 100 de la población percibe como un problema la violencia machista.

Siguen reduciéndola a un espacio particular y privado pese a que entre 2001 y 2007 fallecieron por esta causa 425 mujeres. Sin embargo, si se produjera una auténtica sanción social de la violencia, de todo tipo de violencia; un clamor de cómo nos abruma su ejercicio, empezaríamos a frenarla.

¡Me siento abrumada!, ¿lo intentamos?

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3 Respuestas »

  1. María Jesús:
    Me ha producido enorme satisfacción leer sus ideas acerca del rechazo a la violencia. Es verdad que en el estado de evolución en el que se encuentra actualmente el “homo sapiens”, estamos todavía muy cerca de la animalidad (tomada la palabra en su peor sentido). Tal vez dentro de unos 20.000 años el cerebro del ser humano haya evolucionado para mejor.
    Mientras tanto, y por si usted tiene acceso al entorno político de la titular del Ministerio de la Guerra (perdón, del Ministerio de Defensa), aprovechando que ella es mujer y madre, a lo mejor el Gobierno de España podría pasar de las declaraciones ambiguas y vacías a la supresión inmediata de la fabricación de bombas de racimo en nuestro país: empresas Expal e Instalaza , que tienen como cliente especial al Ministerio de Defensa de España, además de otros muchos países.
    Al menos que el Ministerio de Defensa no siga perpetrando la indecencia de comprar estos artilugios criminales que dejan lisiados a miles de inocentes.

  2. Muchas gracias por haber prestado atención a mis palabras. Yo no, no tengo acceso personal a ningún ministerio. También lo ignoro todo sobre armamento. Pero me parece que las personas que, como parece en su caso, entienden, pueden hacer llegar a la señora ministra su ruego documentado. Tal vez surta el efecto posible si las cosas son como me cuenta. Tal vez haya formas colectivas y razonadas de canalizar esa petición. Tal vez debería investigarlas y usarlas ya que le preocupa,
    No conozco ese tema, pero la aseguro, que en los que conozco me esfuerzo desde hace años en hacerlos llegar a donde sea menester. Pero no se puede abarcar todo.
    Muchas gracias otra vez por su atención.

  3. Cada reclamación tiene su cauce. Y este señor que quería la supresión de las bombas de racimo, con razón,ya puede sentirse tan satisfecho como toda persona que abomine del horror, porque su Gobierno, nuestro Gobierno, sí ha firmado el acuerdo de supresión y eliminación de esas armas cuyo nombre me era desconocido hasta que leí su comentario al artículo sobre la violencia. Pero las cosas no basta con desearlas… ¡Enhorabuena!

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