Cacicada y agravio comparativo
15 Febrero, 2008JUAN MANUEL PUENTE GARCÍA (Alameda de Osuna)
Como en la época de Franco, que carreteras y calles desviaban su trazado lógico para no pasar por la finca del marqués o del «amiguete» de turno, es lo que está ocurriendo en el llamado “pasillo verde” de la Alameda de Osuna.
Todos los vecinos estamos viendo la integración de la antigua vía de la gasolina a la calle de la Rioja y lo que supone una nueva vía moderna y actual que atraviesa el barrio de punta a punta. Es de agradecer esta modernización, que buena falta hace, pero en la parte final de la obra, el Ayuntamiento de Madrid se ha encontrado con dos problemas, los aparcamientos en superficie entre las calles Carabela y Joaquín Ibarra, por un lado; y la ampliación que está realizando el colegio Alameda de Osuna, que penetra en la calle de la Rioja en torno a los 750 metros cuadrados, por otro. Dicho colegio irrumpe en la calle de la Rioja, cual mascaron de proa, impidiendo que tenga la misma anchura que en el resto del trazado, un disparate urbanístico de tomo y lomo.
He podido comprobar, que el Ayuntamiento ha tratado estos dos problemas de forma muy distinta. A los 76 vecinos, propietarios de los aparcamientos, se les ha iniciado un expediente de expropiación de sus plazas con el fin de que la anchura de la calle no se vea mermada en esa zona mientras que al colegio se le ha dado la licencia de obras correspondiente para que ejecute su obra e irrumpa en la calle de la Rioja. El resultado es que una vía pública ve reducida su amplitud por el deseo de una entidad privada, y ello avalado por el Ayuntamiento de Madrid.
Como podemos ver, hay un claro agravio comparativo entre las dos decisiones, a unos vecinos se les va a privar de unos aparcamientos que disfrutaban desde hace muchos años; y a un colegio privado se le da licencia de obras para que, por propio interés y beneficio, reduzca la amplitud de la calle de la Rioja, hurte unos cientos de metros a una vía pública y convierta en «cahpucero» el tramo final de la calle.
Al igual que yo, muchos vecinos, nos hacemos las siguientes preguntas: ¿no podría el Ayuntamiento haber iniciado expediente de expropiación contra el colegio por el terreno que irrumpe en una vía pública de nuevo trazado?, ¿por qué unos particulares pueden modificar el trazado de una calle reduciéndola a su antojo en aras de su propio beneficio?, ¿hay alguna justificación lógica o democrática que justifique que el Ayuntamiento, o en su defecto, la Junta Municipal de Barajas no haga una expropiación integral del área de la calle de la Rioja?
Pero lo que es más grave, en el pasado Pleno de la Junta Municipal del 6 de febrero, el PSOE denunció, públicamente, ante el concejal presidente de la misma, Tomás Serrano, que la obra carecía de las preceptivas licencias.
Ante la gravedad de la denuncia, Serrano alegó desconocimiento y se comprometió a enviar a los servicios técnicos de la Junta Municipal, a la mañana siguiente, para comprobar la situación en la que se encuentran las obras. Los vecinos nos mereceríamos una nota pública, por el medio que el concejal estime oportuno, explicándonos la legalidad o ilegalidad de las obras, es más, deberían comprobar si en las zonas nuevas construidas se está realizando algún tipo de actividad. No quiero ni pensar el irreparable daño que un accidente, por falta de previsión o seguridad, pudiera causar entre los colectivos de alumnos, profesores o trabajadores.
Si el concejal, hiciera lo que presume que hace, es decir visitar y conocer la situación del distrito, habría parado la obra si las licencias no estuvieran actualizadas o faltase cualquier tipo de documentación; también se habría dado cuenta de la invasión de una vía pública y, consecuentemente, habría promovido un expediente de expropiación. Por el contrario, hasta la fecha, ha preferido mirar hacia otro lado. No ha tenido en cuenta el posible riesgo de accidentes y de que un bien de interés público se ve hipotecado por intereses privados; es decir, el PP permite que prevalezcan estos intereses sobre los de los vecinos.
Creo que una «cacicada» como esta, es un atentado contra el barrio y deja por los suelos nuestros derechos como ciudadanos. Merece la pena que desde los distintos colectivos y asociaciones vecinales presionemos a los responsables municipales, con las armas que nuestro sistema democrático nos otorga, para que inicie un expediente de expropiación de estos terrenos.
Invito a cualquier vecino a que, en uno de sus paseos, se acerque a este tramo de la calle de la Rioja y vea, con sus propios ojos, el desaguisado consentido por el Ayuntamiento de Madrid. Esto significa, cuando menos, desprecio a los ciudadanos de la Alameda de Osuna.
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