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Volvo C30 1.6 d, un auténtico «mechero»

16 Diciembre, 2007

Aspecto lateral del nuevo C30

EDUARDO SÁENZ-HERMÚA
Nadie puede decir que el Volvo C30 no sea un coche original. A algunos le puede gustar más y a otros menos pero, desde luego no pasa desapercibido. A nosotros, personalmente, nos encanta. Su línea es, aparte de original, como ya hemos dicho, sumamente compacta y atractiva.

Además, por tamaño, es un coche muy cómodo para «callejear» donde no encuentra rivales en su segmento; además, aparca donde otros no pueden.

Interior del nuevo C30 Configuración interior del C30

Volvo tenía las ideas bastante claras y lo demuestra que los primeros prototipos aparecidos no variaron mucho con relación al modelo que finalmente vio la luz. Y, pese a equipar el C30 con muchos y muy buenos propulsores, que llegan hasta los 220cv para los más «exigentes», ha sacado al mercado una versión con el motor 1.6 turbo diésel –ya utilizado por Ford, Citroën y Peugeot en algunos modelos–, common rail de 109 cv que es una auténtica delicia.

Y lo es por varios motivos, el más importante, quizás, el consumo. Es un auténtico «mechero», quedaremos sorprendidos del bajo consumo de combustible que apenas alcanza los 6 litros si nos comportamos de forma tranquila. Aparte del consumo, la calidad del conjunto, en cuanto a terminaciones y calidad de los materiales empleados, es excelente; el confort para los ocupantes –eso sí, sólo admite 4, conductor incluido–, impecable.

¿Qué más podemos pedir? Tenemos un coche bueno, bonito y barato de mantener. Ideal para uso diario y, por qué no decirlo, como segundo coche de una familia no muy numerosa. Y decimos esto último porque la capacidad del maletero no es su punto fuerte, aunque no podamos decir que sea un auténtico hándicap ya que cubica 252 litros. A veces, nosotros lo entendemos así, hay que sacrificarse en algo para conducir un coche en el que nos sintamos a gusto.

Interior
Una vez dentro del C30, comprobaremos la comodidad de sus asientos delanteros, con una buena postura de conducción y muy envolventes. Los traseros tienen la misma comodidad pero, eso sí, el acceso, hasta acostumbrarnos, es algo dificultoso.Trasera, muy original, del C30

El salpicadero tiene un diseño vanguardista, funcional y de gran plasticidad, muy al estilo sueco, al que no le falta de nada. A todos los mandos y controles accederemos con mucha facilidad y sin tener que dedicarles mucha atención, algo importantísimo para no despistarnos en la conducción. Los materiales, ya dijimos antes, son de excelente calidad y estéticamente acertados.

Técnica
Una vez en ruta, el motor ofrece muy buenas prestaciones para su cilindrada y potencia, aunque si lo cargamos en exceso –los cuatro ocupantes y equipaje– podríamos echar en falta algo más de potencia. Pero para el uso diario, para una o dos personas, dispone de una más que suficiente respuesta en cualquier zona del cuenta revoluciones, eso sí, mejor cuanto más alta. Es bastante silencioso y se nota poco el traqueteo del propulsor de gasóleo. El consumo en carretera, como comentábamos en las primeras líneas, es realmente bajo, lo que dispara su autonomía, que también es destacable, si se circula por ciudad. Las suspensiones son algo más duras que en otras motorizaciones del C30 pero no por ello se pierde respuesta y seguridad. Los frenos acompañan con buenas respuestas y la distancia de frenado del vehículo es bastante satisfactoria.

Conclusión
Estamos ante el «benjamín» de la gama Volvo, pero por consumo, estética, comodidad y prestaciones no desmerece, en nada, a cualquier otro vehículo de la marca sueca. Este diésel lo encontraremos a partir de 23.475, pero ya podemos conducir un Volvo gasolina por poco más de 20.000 euros.

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