Final con principio
1 Noviembre, 2007
PEPE KIOSKO
No hay adiós, ¡hay sosiego y alegría!
Queridos seres humanos de mí barrio: tengo el honor de deciros que, debido a mis 66 años, acaba de terminar mi etapa de trabajar cansinamente y con todas las obligaciones.
Yo que creo ser muy trabajador pero, sin embargo, estoy felicísimo de esta nueva situación. ¿Por qué?, pues porque el trabajo dignifica pero, en realidad, es muy duro.
Pero vuelvo a la razón de este escrito que no es otro que deciros a todos gracias, muchas gracias.
Habéis hecho de mí una persona feliz, habéis invertido paciencia, y lo agradezco con toda mi alma. Habéis dignificado mi nombre poniéndole el calificativo de buena persona, gracias.
Os aseguro que sé que me he equivocado con bastantes personas o que quizás no las he entendido. A los que no he enfadado les digo gracias por todo, y a los que se han sentido ofendidos les pido un perdón muy humilde y sincero.
A estos últimos les digo que, aunque se sientan ofendidos por mí, juro con toda la alegría de mi buena intención que ningún estado de idiotez pesó con intención ofender. Por ello sigo pidiendo disculpas y si alguien quiere venir para que personalmente le pida perdón, estoy dispuesto cuando quiera.
Este podía ser el fin; el principio es que mis queridos hijos Maribel y Miguel siguen en la brecha. Con su juventud, y gracias a su preciosa madre que los ha educado, estoy seguro de que se comportaran mucho mejor que yo. Nuestro espíritu seguirá con ellos y contarán, algunos ratos en el kiosko, con nuestro apoyo. Estoy seguro que será bien para todos.
A mis niños les digo: gracias por ser mis hijos, por ayudarme, por vuestra generosidad.
A mis clientes os digo: gracias anticipadas por seguir con ellos, gracias por vuestro comportamiento, que seáis felices todos.
Un saludo afectuoso para todos de vuestro amigo Pepe.
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